VIOLENCIA MACHISTA | FEMINICIDIOS EN RD
LAS YAYAS, AZUA, RD. —
La muerte violenta de Pamela Alcántara, presuntamente a manos de su expareja, Rafael Pereyra, quien posteriormente se quitó la vida, vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de enfrentar el machismo y la violencia contra las mujeres en República Dominicana.
El hecho ocurrió la madrugada de este domingo 1 de noviembre en el municipio de Las Yayas de Viajama, provincia Azua de Compostela, donde, según informaciones preliminares, el hombre habría disparado en repetidas ocasiones contra la mujer y luego utilizó la misma arma para quitarse la vida.
La tragedia ha causado consternación en la comunidad y se suma a una preocupante sucesión de muertes violentas de mujeres a manos de hombres con quienes mantenían o habían mantenido relaciones sentimentales.
Más allá de las circunstancias particulares que investigan las autoridades, el caso vuelve a llamar la atención sobre la necesidad de prevenir la violencia machista, fortalecer los mecanismos de protección y cuestionar las conductas de control, dominación y agresión que ponen en peligro la vida de las mujeres.
73 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en 2026
La dimensión de esta problemática queda reflejada en las cifras divulgadas por organizaciones que monitorean los feminicidios en el país.
En octubre de 2026, la Fundación Vida Sin Violencia reportó que 73 mujeres habían sido asesinadas por sus parejas o exparejas durante el año. La entidad también informó que 103 niños, niñas y adolescentes habían quedado en la orfandad como consecuencia de estos crímenes.
De acuerdo con las cifras difundidas por la organización, 51 de las 73 víctimas tenían menos de 35 años.
El balance representa 18 mujeres más que las 55 contabilizadas durante todo 2025, según los datos citados en ese reporte.
Estas cifras corresponden al balance divulgado en octubre y no constituyen un conteo actualizado que incluya necesariamente el caso ocurrido este domingo en Las Yayas.
Cada feminicidio deja consecuencias que trascienden la pérdida de una vida: familias destrozadas, comunidades marcadas por el dolor y, en numerosos casos, menores de edad que pierden a sus madres y quedan expuestos a las secuelas de la violencia.
El machismo no puede seguir justificándose como un problema de pareja
La violencia contra las mujeres no debe reducirse a una discusión sentimental que termina de manera trágica. Es necesario examinar las conductas de intimidación, control, amenazas y agresión que pueden anteceder a los ataques, sin asumir que todas las relaciones violentas presentan las mismas señales ni que todas las víctimas cuentan con las mismas posibilidades de buscar ayuda.
El machismo alimenta la idea de que un hombre puede controlar las decisiones de una mujer, decidir con quién se relaciona o reaccionar mediante amenazas y agresiones cuando ella establece límites o decide terminar una relación.
Una ruptura sentimental nunca justifica la violencia. Ningún desacuerdo, conflicto emocional o sentimiento de posesión puede convertirse en argumento para agredir o quitarle la vida a otra persona.
Por eso, enfrentar los feminicidios exige también una transformación cultural: educar en el respeto y la igualdad, cuestionar las conductas violentas, dejar de normalizar los celos como prueba de amor y promover relaciones en las que la autonomía de cada persona sea respetada.
La prevención también requiere que familiares, amistades, vecinos e instituciones tomen en serio las amenazas y las agresiones, en lugar de considerarlas asuntos privados en los que nadie debe intervenir.
La prevención y la protección de las víctimas son fundamentales
El caso de Las Yayas vuelve a plantear interrogantes sobre las medidas necesarias para evitar que la violencia contra las mujeres termine en una muerte.
Las autoridades deben esclarecer las circunstancias del hecho y determinar si existían antecedentes de amenazas, agresiones u otras señales de riesgo. Hasta el momento, la información disponible no permite afirmar si Pamela Alcántara había denunciado previamente a su presunto agresor.
La ausencia de información sobre una posible denuncia previa tampoco permite concluir que no existiera violencia anterior.
En el ámbito de la prevención, resulta fundamental facilitar el acceso a orientación psicológica y legal, reforzar la respuesta ante las denuncias, evaluar adecuadamente los riesgos y garantizar medidas de protección efectivas para las mujeres amenazadas por sus parejas o exparejas.
También es necesario involucrar a los hombres en la prevención de la violencia machista, promoviendo la responsabilidad emocional, la resolución pacífica de los conflictos y el rechazo de cualquier forma de dominación sobre las mujeres.
Investigan las circunstancias de las dos muertes
Tras el suceso, agentes de la Policía Nacional y miembros de la Dirección Central de Investigación (DICRIM) acudieron al lugar junto con médicos legistas y representantes del Ministerio Público.
Las autoridades realizaron el levantamiento de los cuerpos e iniciaron las investigaciones para establecer las circunstancias en que ocurrieron ambas muertes.
Hasta el momento, las informaciones disponibles no precisan si existían antecedentes de violencia en la relación ni cuáles fueron las circunstancias que precedieron al ataque.
Mientras avanzan las investigaciones, la muerte de Pamela Alcántara vuelve a poner en evidencia la necesidad de que la sociedad dominicana asuma la prevención de la violencia machista como una responsabilidad colectiva.
Detener el machismo y la violencia contra las mujeres requiere mucho más que lamentar cada feminicidio después de ocurrido: exige prevenir las agresiones, proteger a quienes están en riesgo y rechazar las conductas que convierten el control y la posesión en supuestos derechos dentro de una relación.




























