Oscar López Reyes
La pausa de LA Semanal con la Prensa ha abierto un debate inevitable sobre la conveniencia o no de reducir la exposición pública del presidente Luis Abinader, en momentos marcados por tensiones económicas internacionales, incertidumbre social y una intensa disputa política rumbo al 2028.
El espacio comunicacional del mandatario surgió como una herramienta de contacto directo con la ciudadanía y logró, durante más de dos años, convertirse en uno de los mecanismos de comunicación gubernamental más visibles, económicos y efectivos de la actual gestión.
Cuando el programa fue colocado en receso, en diciembre de 2025, los niveles de aceptación presidencial rondaban entre el 58 % y el 63 %, de acuerdo con distintas firmas encuestadoras. Meses después, estudios reflejan una reducción cercana a los diez puntos porcentuales en la valoración positiva del mandatario.
La interrogante surge casi de forma automática: ¿ha incidido la ausencia de LA Semanal en esa disminución de favorabilidad?
Más allá de las variables económicas y de las turbulencias internacionales, el autor considera que la menor presencia mediática impacta inevitablemente la percepción ciudadana.
Las teorías de comunicación política y comportamiento social sostienen que la visibilidad fortalece la cercanía emocional y la confianza pública. En otras palabras: a menor presencia, menor conexión con las audiencias.
El vacío comunicacional
La suspensión del encuentro semanal con periodistas dejó un vacío que, según el análisis, ha sido aprovechado por sectores opositores para ocupar la agenda pública y amplificar cuestionamientos al Gobierno.
Sin ese espacio de interacción directa, se reduce la capacidad oficial de responder en tiempo real a conflictos sociales, rumores o narrativas adversas.
El texto advierte que el Gobierno habría retornado a una práctica tradicional de comunicación defensiva, caracterizada por silencios prolongados y respuestas tardías.
En esa lógica, el silencio institucional podría convertirse en un riesgo político y reputacional.
Tres estilos presidenciales
El análisis compara además los modelos comunicacionales de los últimos presidentes dominicanos.
Hipólito Mejía apostaba por una exposición permanente ante la prensa, aunque en ocasiones sus declaraciones generaban contradicciones y desgaste político.
Danilo Medina, en cambio, mantuvo una estrategia de extremo hermetismo, delegando la comunicación pública a su aparato gubernamental y evitando comparecencias frecuentes.
Luis Abinader había logrado ubicarse en un punto intermedio mediante LA Semanal, mecanismo que le permitía responder preguntas, marcar agenda y proyectar cercanía sin caer en la sobreexposición.
Para el autor, esa fórmula resultó más eficiente que numerosas campañas publicitarias oficiales.
El modelo Sheinbaum
El artículo también establece paralelismos con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien mantiene altos niveles de popularidad impulsados, entre otros factores, por su interacción cotidiana con los medios a través de “La Mañanera del Pueblo”.
Según el planteamiento, la comunicación bidireccional resulta indispensable en tiempos dominados por redes sociales, inteligencia artificial y audiencias digitales hiperconectadas.
Las generaciones Millennials, Z y Alpha —que representan una parte mayoritaria de la población— demandan cercanía, interacción inmediata y transparencia constante.
Transparencia y contacto directo
Dentro de las recomendaciones planteadas se destacan cinco puntos esenciales:
- Escuchar y responder directamente a las inquietudes ciudadanas.
- Frenar rumores e incertidumbres antes de que escalen.
- Fortalecer la transparencia gubernamental.
- Mantener presencia activa en medios y plataformas digitales.
- Garantizar acceso informativo permanente a la prensa.
El autor sostiene que, más que eliminar LA Semanal, lo conveniente sería su perfeccionamiento y relanzamiento en un contexto internacional y político cada vez más complejo.
En su reflexión final, advierte que reducir la presencia mediática presidencial podría interpretarse como una retirada comunicacional y abrir espacios para que otros actores impongan narrativas adversas.
“Bajar la presencia mediática desajusta más la tuerca que anunciar, a destiempo, la no jugada electoral”, concluye.
El autor es periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y presidente de la Asociación Dominicana de Profesionales de Relaciones Públicas (Asodoprep).





























