Benny Rodríguez
El periodismo está herido. Decir que ha muerto puede resultar cómodo en tiempos de desencanto, pero no es cierto. Como plantea Teodoro León Gross, el debate puede centrarse en distintos contextos; en el nuestro, la realidad es más compleja: el periodismo está herido, tiene signos vitales y permanece en cuidados intensivos.
En este Día Nacional del Periodista, más que decretar su final, corresponde asumir responsabilidades. El periodismo dominicano atraviesa una etapa crítica marcada por precariedad laboral, presiones políticas y económicas, banalización de contenidos y una creciente desinformación.
La crisis del periodismo también está influida por un ecosistema digital que prioriza la inmediatez sobre la verificación, el escándalo sobre el contexto y la opinión sin sustento sobre el análisis riguroso.
Sin embargo, reconocer que el periodismo está herido no implica asumir su desaparición. Por el contrario, abre la posibilidad de salvar el periodismo desde sus propios fundamentos.
Aún existen profesionales que investigan, contrastan fuentes y apuestan por la verdad, así como medios que resisten en favor de la profundidad y la calidad.
El desafío no es solo estructural, sino también ético. Parte de la crisis del periodismo radica en prácticas que afectan su esencia: la confusión entre información y propaganda, el sensacionalismo y la cercanía excesiva con el poder. Estas desviaciones impactan directamente en la credibilidad del periodismo, uno de sus principales activos.
Salvar el periodismo requiere decisiones concretas. Implica recuperar el rigor, priorizar la verificación y mantener la independencia frente a intereses externos. La credibilidad del periodismo no se construye con popularidad momentánea, sino con consistencia y responsabilidad.
Asimismo, los medios de comunicación deben revisar sus modelos de gestión, apostar por la calidad y garantizar condiciones dignas para quienes ejercen la profesión. No es posible fortalecer el periodismo dominicano sin proteger a sus actores.
La ciudadanía también juega un papel determinante. Una sociedad crítica, que valore la información verificada y cuestione los contenidos que consume, contribuye a salvar el periodismo y a fortalecer la democracia.
Afirmar que el periodismo ha muerto equivale a renunciar a la verdad. En este Día Nacional del Periodista, el reto es distinto: reconocer que el periodismo está herido, pero sigue vivo. Y mientras haya vida, existe la posibilidad real de rescatarlo.






























