El Canal Marcos A. Cabral y sus laterales continúan siendo utilizados como depósitos de desechos sólidos por ayuntamientos y particulares, pese a las denuncias que datan de más de diez años.
Lo que debería ser la principal arteria de vida para más de 50 mil tareas de vocación agrícola en la provincia Peravia, se ha convertido en un monumento a la negligencia institucional.
Se constató que comunidades como Nizao, Pizarrete, Carretón y Mata Gorda conviven con el hedor asfixiante y las humaredas tóxicas de vertederos a cielo abierto que operan justo encima del lecho del acuífero.
Un «agravio ecológico» con presupuesto perdido
En agosto de 2024, las autoridades de Medio Ambiente calificaron la situación como un «agravio ecológico» y prometieron sanciones que nunca llegaron. Peor aún, en septiembre de ese mismo año, el organismo DO Sostenible dio el «primer picazo» para una estación de transferencia con una inversión de RD$ 26,285,765.81.
«Esa gente vino ese día a dar el picazo y más nunca han pasado por aquí», expresan con sarcasmo los lugareños al ser consultados sobre la obra que debía terminarse en 90 días y que ya suma tres años de abandono.
El peligro en la mesa de los dominicanos
La gravedad del asunto radica en que las aguas del Canal Marcos A. Cabral no solo alimentan acueductos, sino que irrigan cultivos de arroz, cebolla, molondrones y hortalizas que terminan en los principales supermercados y plazas del país.
Puntos críticos de contaminación:
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Lateral Nizao: Irriga 7 mil tareas; actualmente funciona como vertedero diario del ayuntamiento de Nizao.
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El Carretón: Un foco de más de mil metros cuadrados con plásticos, animales muertos y escombros.
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Sifón de Mata Gorda: Esclusas taponadas por basura podrida y moho.
Autoridades en silencio
A pesar de que el INDRHI asegura haber notificado a los alcaldes de Nizao y directores distritales de Santana, Catalina y Pizarrete, la respuesta ha sido el silencio.
Al día de hoy, abril de 2026, los camiones recolectores municipales siguen vertiendo toneladas de basura en las orillas del canal ante la mirada indiferente del Ministerio de Medio Ambiente.
La contaminación del Canal Marcos A. Cabral no es solo un problema de estética; es una amenaza directa a la seguridad alimentaria y la salud de miles de ciudadanos que consumen productos bañados por aguas infectadas.































