Ing. Carlos Manuel Diloné
«El pueblo no pidió privilegios; pidió derechos: agua limpia, aire limpio, mar limpio y desarrollo sostenible».
El pasado 7 de junio, Barahona protagonizó una de las manifestaciones ciudadanas más significativas de los últimos años. Miles de personas provenientes de distintos sectores sociales, comunitarios, profesionales, religiosos y ambientales se unieron para expresar una preocupación legítima: la necesidad de garantizar un modelo de desarrollo que no comprometa los recursos naturales que sostienen la vida y el futuro de la provincia.
Lo ocurrido ese día trasciende el simple hecho de una marcha. Fue la expresión de una ciudadanía consciente que decidió levantar su voz para recordar que el crecimiento económico no puede construirse sacrificando la salud de las personas ni el equilibrio de los ecosistemas.
Barahona defendió la vida y el desarrollo sostenible
La movilización no estuvo dirigida contra el desarrollo. Todo lo contrario. Constituyó un llamado a construir un desarrollo más inteligente, responsable y sostenible.
Los ciudadanos marcharon porque desean respirar un aire limpio. Porque observan con preocupación las emisiones de polvo asociadas al manejo y embarque de materiales a granel en el puerto local, una situación que desde hace años genera inquietud entre residentes y sectores productivos de la ciudad.
Marcharon porque entienden que el progreso económico debe ir acompañado de garantías para la salud colectiva y el bienestar de las comunidades.
También marcharon porque aman el mar que identifica a Barahona. Porque desean preservar la belleza de su bahía y proteger un paisaje que forma parte de la identidad de la provincia. Nadie cuestiona la importancia estratégica del puerto para la economía regional, pero muchos consideran que determinadas operaciones industriales podrían desarrollarse en espacios diseñados específicamente para ese propósito, reduciendo así los impactos sobre la ciudad.
La defensa del agua y las montañas
Otro de los mensajes centrales de la movilización estuvo relacionado con la protección de las montañas de Bahoruco Oriental.
Allí nacen importantes fuentes de agua que abastecen comunidades, sistemas agrícolas y ecosistemas de enorme valor ambiental. La riqueza biológica de la zona, sus bosques húmedos y sus especies endémicas representan un patrimonio natural cuya conservación resulta esencial para las presentes y futuras generaciones.
Quienes participaron en la jornada comprenden que el agua constituye uno de los recursos más valiosos para el desarrollo de la región. Por esa razón, también reclamaron la conclusión definitiva de la presa de Monte Grande y la construcción de sus canales de derivación, una obra considerada fundamental para impulsar la producción agrícola y fortalecer la economía del sur dominicano.
Derechos ambientales y calidad de vida
La movilización también puso sobre la mesa problemáticas cotidianas que afectan la calidad de vida de la población.
Entre ellas, la acumulación prolongada de sargazo en áreas costeras y portuarias, cuyos procesos de descomposición generan olores desagradables que impactan a residentes, comerciantes y visitantes.
Asimismo, se planteó la necesidad de fortalecer los mecanismos de supervisión ambiental y garantizar que las actividades industriales operen bajo estrictos controles que protejan la salud pública y el medio ambiente.
Los participantes enviaron un mensaje claro: el desarrollo económico y la protección ambiental no deben verse como objetivos incompatibles. Ambos pueden y deben avanzar de manera conjunta.
Una conciencia colectiva que despertó
Lo más importante de la jornada no fue la cantidad de personas que participaron ni la distancia recorrida.
Lo verdaderamente trascendente fue el mensaje que quedó plasmado en las calles de Barahona.
La provincia recordó que tiene derecho a respirar aire limpio, disfrutar de un mar saludable, proteger sus fuentes de agua y participar activamente en las decisiones que afectan su territorio.
Corresponde reconocer a quienes marcharon y también a quienes respaldaron la causa desde sus hogares. Todos comprendieron que la defensa del medio ambiente no responde a una moda pasajera, sino a un compromiso permanente con la vida.
La historia demuestra que los pueblos que permanecen indiferentes terminan perdiendo aquello que más valoran. Barahona ha decidido actuar de manera diferente.
Barahona despertó.
Y cuando una comunidad despierta para defender sus recursos, su salud y su futuro, está dando un paso decisivo hacia el desarrollo que verdaderamente merece.































