Benny Rodríguez
“¿Vamos hacia el fin del periodismo, tal como lo hemos entendido durante el siglo XX? ¿Estamos a las puertas del último periodista?”. La pregunta formulada por el periodista y académico español Armand Balsebre adquiere una dimensión inquietante en la era de la inteligencia artificial.
Mi respuesta es otra: no estamos ante el último periodista, pero sí ante el final de una manera de hacer periodismo.
Y esa diferencia es fundamental, porque el periodismo ya estaba cambiando.
La transformación de la profesión no comenzó con la inteligencia artificial. Su origen puede situarse mucho antes, con la crisis económica de 2008, cuando las redacciones comenzaron a perder periodistas, recursos y capacidad de investigación, mientras la publicidad y las audiencias migraban hacia las plataformas digitales.
Después llegó la revolución de las redes sociales, que modificó la relación entre los medios y sus públicos. Ahora la inteligencia artificial acelera un proceso que ya estaba en marcha.
Por eso, el verdadero desafío no consiste en determinar si la IA acabará con el periodista, sino en establecer qué lugar ocupará el periodista en una industria donde las máquinas pueden producir contenidos a una velocidad desconocida hasta ahora.
La tecnología puede buscar, ordenar, resumir, traducir y procesar enormes cantidades de información. Puede ahorrar horas de trabajo y ampliar las capacidades de una redacción.
Pero hay algo que no puede hacer por el periodista: asumir la responsabilidad editorial de aquello que se publica.
Ahí está la frontera.
La máquina puede escribir, pero no responder. Una inteligencia artificial puede generar una noticia en segundos. Puede incluso hacerlo con una estructura impecable y un lenguaje convincente, pero eso no significa que la información sea verdadera.
¿Quién comprobó el dato? ¿Quién contrastó la versión? ¿Quién llamó a la fuente? ¿Quién verificó el documento? ¿Quién acudió al lugar de los hechos? ¿Quién determinó que la información era relevante y que debía publicarse?
Y, sobre todo, ¿quién responderá si lo publicado es falso y perjudica a una persona?
La respuesta no puede ser “la inteligencia artificial”.
Por eso, el problema no es la máquina. El problema es el uso que hacemos de ella.
En República Dominicana ya comenzó la transición
En República Dominicana ya vivimos esa transición. Listín Diario, uno de los principales diarios del país, ha incorporado herramientas de inteligencia artificial a sus procesos de trabajo y, más importante todavía, ha establecido reglas para su utilización mediante un manual de aplicación ética.
La experiencia contiene una enseñanza que debería ser asumida por toda la industria: la tecnología debe estar subordinada al criterio periodístico y nunca el criterio periodístico subordinado a la tecnología.
Porque utilizar inteligencia artificial para acelerar una tarea no significa delegarle la responsabilidad de decidir qué es verdad, qué es relevante o qué debe publicarse.
La otra crisis: cambió el lector
Sin embargo, sería un error reducir la crisis del periodismo a la inteligencia artificial.
También cambió el público.
La sociedad ya no espera el periódico de la mañana ni necesariamente el noticiero de la noche. La información llega directamente al teléfono y, muchas veces, aparece en la pantalla antes de que el usuario decida buscarla.
TikTok, YouTube, Facebook, Instagram, WhatsApp y los creadores de contenido disputan hoy la atención que durante décadas perteneció casi exclusivamente a los medios tradicionales.
Aquí aparece una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: nunca habíamos tenido tanto acceso a información y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil determinar en qué información confiar.
Tenemos más contenidos, pero no necesariamente más información confiable.
Rumores, opiniones, imágenes manipuladas, videos fuera de contexto, titulares diseñados para generar clics y contenidos fabricados para provocar indignación compiten en el mismo espacio con el periodismo profesional.
Por eso, la crisis de confianza puede terminar siendo más peligrosa que la propia inteligencia artificial.
Cuando desaparece el papel, no desaparece el periodismo
En República Dominicana, el cierre de la edición impresa de El Nacional, después de seis décadas de circulación, constituye otro símbolo del cambio de época.
No desapareció el periódico: continúa en formato digital. Lo que desapareció fue una manera de relacionarnos con la prensa.
Durante décadas, el ejemplar impreso estuvo presente en hogares, oficinas, cafeterías y colmados. Se compraba, se leía, se comentaba y se discutía.
Hoy la noticia es inmediata, visual y fragmentada.
Pero el periodismo nunca fue el papel.
El periodismo es investigar. Es verificar. Es contrastar. Es explicar. Es poner los acontecimientos en contexto. Es escuchar las distintas versiones.
Y, sobre todo, es asumir responsabilidad por lo publicado.
Por eso, el cierre de una edición impresa no debe confundirse con el final del periodismo.
La batalla por la atención
Durante buena parte del siglo XX, periodistas y editores tenían una responsabilidad central: jerarquizar la realidad.
Decidían qué investigar, qué publicar y qué espacio conceder a cada acontecimiento.
Hoy esa función también está siendo disputada por los algoritmos.
Las plataformas determinan qué aparece primero en nuestras pantallas. Y los contenidos capaces de provocar miedo, indignación, sorpresa o entusiasmo suelen tener ventaja sobre aquellos que requieren tiempo para ser leídos y comprendidos.
El riesgo es evidente: que terminemos consumiendo fragmentos de información sin saber quién los investigó, de dónde proceden, qué fuentes los sustentan ni qué elementos quedaron fuera.
Entonces la pregunta fundamental ya no es si la inteligencia artificial puede escribir una noticia.
La verdadera pregunta es: ¿quién comprobará que esa noticia sea cierta?
El periodista que viene
El periodista de esta nueva época tendrá que dominar herramientas que hace apenas unos años no formaban parte de su trabajo cotidiano.
Tendrá que conocer la inteligencia artificial, los datos, el video, las redes sociales y las nuevas plataformas. Tendrá que aprender permanentemente y adaptarse a tecnologías que seguirán cambiando.
Pero, sobre todo, tendrá que conservar aquello que constituye la esencia de su profesión: seguir preguntando, seguir verificando, seguir contrastando y seguir investigando.
Tendrá que ir a las comunidades, escuchar a la gente, desconfiar de las versiones fáciles y comprender que publicar no es simplemente producir contenido.
Publicar significa asumir responsabilidad.
Una máquina puede escribir en segundos. El periodista tiene que decidir si aquello debe ser publicado.
No es el último.
Es el primero.
Quizás por eso la pregunta de Balsebre necesita ser reformulada.
No deberíamos preguntarnos únicamente si estamos ante el último periodista. Deberíamos preguntarnos qué clase de periodista necesita la sociedad en la era de la inteligencia artificial.
No creo que estemos ante el último periodista.
Creo que estamos ante el primero de una nueva época.
Un periodista que tendrá que aprender a trabajar con máquinas sin convertirse en una máquina.
Porque podemos llegar a tener más información que nunca y, paradójicamente, estar cada vez más lejos de la verdad.
Y si algún día desaparece el periodista que investiga, contrasta y responde por lo que publica, no habrá desaparecido solamente una profesión.
Habremos perdido uno de los principales mecanismos que tiene una sociedad para distinguir entre lo verdadero y aquello que simplemente parece verdad.
Benny Rodríguez
Periodista de formación, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y pasado miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP).
































