Benny Rodríguez
BARAHONA, RD.–
Pueden estar presentes durante años sin provocar síntomas, mientras avanzan silenciosamente y deterioran uno de los órganos vitales del cuerpo humano. Esa es precisamente una de las características que convierte a las hepatitis B y C en un desafío para la salud pública, tanto a nivel mundial como en la región Suroeste de República Dominicana.
La advertencia la formula el gastroenterólogo José Bernardino Cabrera Peralta, quien llama a no esperar la aparición de síntomas para buscar atención médica y plantea la necesidad de fortalecer el diagnóstico preventivo, la vacunación y el acceso oportuno a los tratamientos.
El especialista abordó el tema durante una entrevista en el programa A Media Mañana, que se produce en Barahona y se transmite los lunes y jueves, de 10:00 de la mañana a 11:30.
Cabrera Peralta explica que el carácter silencioso de estas enfermedades constituye uno de los principales obstáculos para detectarlas a tiempo.
“Más del 60 % de estos pacientes no van a presentar ningún síntoma”, afirmó.
La proporción, según explicó, puede ser incluso mayor en el caso de la hepatitis C.
Esto significa que una persona puede sentirse completamente saludable, desarrollar normalmente sus actividades cotidianas y, sin saberlo, mantener una infección que con el paso del tiempo puede provocar cirrosis y cáncer de hígado.
Cuando aparecen manifestaciones clínicas, estas pueden incluir fatiga, fiebre, náuseas, vómitos, malestar general e ictericia, caracterizada por la coloración amarillenta de los ojos y la piel, además de cambios en el color de la orina.
Para el especialista, esperar esos síntomas puede retrasar un diagnóstico que, realizado oportunamente, puede cambiar el curso de la enfermedad.
Millones de personas viven con hepatitis B o C
La dimensión del problema trasciende las fronteras dominicanas.
De acuerdo con las cifras citadas por Cabrera Peralta, alrededor de 287 millones de personas viven con hepatitis B o C crónica en el mundo. De esa cantidad, unas 240 millones corresponden al virus de hepatitis B y aproximadamente 47 millones al virus C.
El médico señaló además que durante 2024 se produjeron alrededor de 1.8 millones de nuevas infecciones por estos dos virus.
Las infecciones crónicas pueden provocar complicaciones graves y muertes, razón por la que la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene como objetivo eliminar las hepatitis virales como amenaza de salud pública para 2030.
Cabrera Peralta considera, sin embargo, que el mundo todavía no avanza al ritmo necesario para alcanzar esa meta.
Advirtió que, si no se fortalecen las acciones de prevención, diagnóstico y tratamiento, las muertes asociadas a las hepatitis B y C podrían adquirir una dimensión todavía mayor durante las próximas décadas.
El gran reto: encontrar a quienes no saben que están infectados
El médico considera que uno de los mayores desafíos consiste en identificar a personas que aparentemente están sanas, pero que pueden ser portadoras del virus.
El razonamiento suele ser sencillo: si no hay síntomas, la persona entiende que no existe enfermedad.
Precisamente ahí, explica Cabrera Peralta, está el peligro.
Por eso considera necesario fortalecer una cultura de chequeo preventivo, especialmente entre personas que hayan podido estar expuestas a factores de riesgo.
En el caso de la hepatitis B existen pruebas que permiten establecer si una persona tiene una infección activa, si cuenta con inmunidad como consecuencia de la vacunación o si tuvo contacto previamente con el virus.
Entre las pruebas citadas por el especialista están el antígeno de superficie de hepatitis B, el anticuerpo de superficie y el anticuerpo core.
“Es fundamental hacer esas tres pruebas”, sostuvo.
Embarazo: detectar a tiempo para proteger al bebé
La detección durante el embarazo constituye otro de los puntos que el gastroenterólogo considera prioritarios.
Una mujer embarazada con hepatitis B puede transmitir el virus a su hijo, por lo que identificar la infección oportunamente permite adoptar medidas médicas para reducir considerablemente el riesgo de transmisión.
En este proceso son fundamentales el diagnóstico, la vacunación y las medidas preventivas y terapéuticas indicadas por los profesionales de la salud.
Para Cabrera Peralta, la detección durante el embarazo debe formar parte de los protocolos de atención para proteger tanto a la madre como al recién nacido.
No todas las hepatitis se transmiten de la misma manera
Aunque se habla de hepatitis virales como si se tratara de una sola enfermedad, existen cinco tipos principales: A, B, C, D y E, y sus mecanismos de transmisión son diferentes.
Las hepatitis A y E se transmiten principalmente por la vía fecal-oral, generalmente mediante el consumo de agua o alimentos contaminados.
En cambio, las hepatitis B, C y D están relacionadas principalmente con la exposición a sangre y determinados fluidos corporales.
Entre las formas de transmisión mencionadas por el especialista figuran las transfusiones de sangre no seguras, el uso de jeringas contaminadas, determinados procedimientos realizados con instrumentos contaminados, las relaciones sexuales y la transmisión de madre a hijo en algunos casos.
El caso de la hepatitis C ha cambiado
Cabrera Peralta explicó que el patrón de transmisión de la hepatitis C ha variado con el paso de los años.
Recordó que durante las décadas de los 80 y 90 las transfusiones de sangre constituían una preocupación importante. Sin embargo, los mecanismos de detección aplicados en los bancos de sangre han reducido considerablemente ese riesgo.
Actualmente, indicó, una proporción importante de las nuevas infecciones está relacionada con el uso de jeringas contaminadas entre personas que se inyectan drogas.
¿Cuál es la situación en República Dominicana?
Al referirse a la realidad dominicana, el gastroenterólogo estimó que cada año se diagnostican en el país entre 1,800 y más de 2,000 casos de hepatitis B, mientras que los diagnósticos de hepatitis C oscilan entre 600 y 900 casos anuales.
El especialista destacó los esfuerzos realizados por República Dominicana para enfrentar estas enfermedades y recordó que el país comenzó a desarrollar políticas específicas relacionadas con las hepatitis B y C antes de que la OMS adoptara, en 2016, su estrategia mundial de eliminación.
La importancia de ambas enfermedades radica también en su relación con una parte importante de los casos de cirrosis hepática y cáncer de hígado asociados a las hepatitis virales.
El Suroeste también está en el mapa de la preocupación
La problemática adquiere una dimensión particular cuando se observa la realidad de la región Suroeste.
Cabrera Peralta estimó que la incidencia de estas enfermedades en la zona se mantiene en niveles importantes.
“Nosotros andamos por un 1 % más o menos del C y cerca del 2 % del B”, afirmó durante la entrevista.
El médico aseguró que existen numerosos casos y comunidades donde se observa una frecuencia considerable de estas enfermedades, aunque evitó identificar localidades específicas para no contribuir a la estigmatización de sus habitantes.
“Son muy frecuentes algunos pueblos de nuestra región”, expresó.
Más que señalar comunidades, el especialista considera que el desafío consiste en garantizar que las personas tengan acceso a las pruebas y que quienes resulten positivos puedan recibir atención y tratamiento oportunamente.
Ese enfoque coloca el problema no en una comunidad determinada, sino en la capacidad del sistema sanitario para detectar, atender y dar seguimiento a los pacientes.
La hepatitis C ya puede curarse
Uno de los avances más importantes de la medicina en este campo está relacionado con la hepatitis C.
Cabrera Peralta explicó que actualmente esta enfermedad puede curarse en la gran mayoría de los pacientes mediante los llamados antivirales de acción directa.
Por eso considera que el diagnóstico temprano es fundamental.
“Si lo diagnosticamos, lo tratamos”, resumió el especialista.
En el caso de la hepatitis B, aunque los medicamentos disponibles no necesariamente eliminan la infección crónica, sí permiten controlarla y reducir el riesgo de desarrollar complicaciones graves.
La diferencia es importante: mientras la hepatitis C cuenta con tratamientos capaces de lograr la curación en la gran mayoría de los casos, la hepatitis B crónica requiere seguimiento y tratamiento para mantener el virus bajo control.
Diagnosticar, prevenir y tratar
Para Cabrera Peralta, la respuesta frente a las hepatitis virales puede resumirse en tres acciones: diagnosticar, prevenir y tratar.
La primera implica ampliar el acceso a las pruebas para identificar a personas que pueden estar infectadas sin presentar síntomas.
La segunda requiere fortalecer la prevención, incluida la vacunación contra la hepatitis B, además de las medidas dirigidas a evitar nuevas infecciones.
La tercera consiste en garantizar que quienes sean diagnosticados puedan acceder oportunamente a los tratamientos y al seguimiento médico.
“Tenemos que diagnosticar, prevenir y tratar”, afirmó.
El especialista entiende que alcanzar la meta de eliminación planteada para 2030 exige que estas acciones no se concentren únicamente en las grandes ciudades, sino que lleguen también a hospitales, centros de atención primaria y comunidades del interior del país.
Y ahí el Suroeste tiene un desafío particular.
No esperar a que aparezcan los síntomas
El mensaje central de Cabrera Peralta es sencillo, pero tiene profundas implicaciones: sentirse saludable no significa necesariamente estar libre de hepatitis.
Precisamente porque estas infecciones pueden permanecer silenciosas durante años, una prueba preventiva puede establecer la diferencia entre descubrir una enfermedad a tiempo o identificarla cuando ya existen daños importantes en el hígado.
La hepatitis B puede prevenirse mediante la vacunación y existen medicamentos para controlar la infección crónica. La hepatitis C, por su parte, puede curarse en la gran mayoría de los pacientes cuando es diagnosticada y tratada oportunamente.
El desafío para República Dominicana, y particularmente para el Suroeste, está en ampliar el diagnóstico, garantizar el acceso a los tratamientos y fortalecer la prevención.
Mientras la comunidad internacional se aproxima a 2030, año establecido como meta para eliminar las hepatitis virales como amenaza de salud pública, esa batalla también se libra en las comunidades, hospitales y centros de atención primaria de la región.
Y puede comenzar con una decisión tan sencilla como importante: una persona que se siente completamente sana decide hacerse una prueba y descubre a tiempo una enfermedad que llevaba años avanzando en silencio.
























