Oscar López Reyes
La presencia de gais, lesbianas, bisexuales, intersexuales, transgéneros, pangéneros, asexuales y otras categorías no binarias (LGBTQIA+) en la televisión imitativa y en su orgullosa caravana anual, acompañada de un lenguaje explícito, gestos exuberantes y efectos visuales llamativos, ha derivado en un espectáculo que genera risas y confirma, a juicio del autor, una falta de control conductual por parte de algunos integrantes de esa comunidad.
Estas manifestaciones, consideradas irreverentes por amplios sectores, alcanzaron un punto crítico cuando la lesbiana Alicia Anabel Santos Díaz alteró las letras del Himno Nacional en un texto titulado “Pájaros, Lesbianas y Queers ¡A volar!”, difundido en la Ciudad Colonial. Por este hecho fue arrestada y, el 2 de enero de 2026, sometida a medidas de coerción por el Juzgado de Paz de la Primera Circunscripción del Distrito Nacional, tras denuncias del Instituto Duartiano y la Comisión Permanente de Efemérides Patrias.
Según esta visión, los derechos humanos y sexuales no se reivindican confrontando símbolos patrios ni mediante expresiones que provoquen rechazo social. El respeto, sostiene el autor, debe construirse desde la moderación, la conducta cívica y la canalización adecuada de los reclamos.
Desde esta perspectiva crítica, tales conductas reflejan desajustes emocionales y conductuales que, lejos de ser celebrados públicamente, requerirían acompañamiento profesional, orientación espiritual y consideración social, a fin de favorecer la convivencia armónica.
El texto establece una distinción entre manifestaciones estridentes y la conducta reservada de profesionales homosexuales que, según se argumenta, mantienen modales sobrios, participan en espacios ecuménicos y llevan una vida discreta, muchas veces marcada por la resignación social y el deseo frustrado de formar una familia tradicional.
Se citan casos académicos y anecdóticos que, a juicio del autor, evidencian excesos conductuales en entornos educativos, así como referencias históricas a la clasificación de la homosexualidad por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), señalando su evolución conceptual desde la patologización hasta su actual consideración como identidad de género, atribuida en parte a factores sociales y ambientales.
El autor subraya, no obstante, que toda forma de violencia contra personas homosexuales es inaceptable, repudiable y criminal. Defiende el derecho a la vida, al respeto y a la educación, destacando que muchos integrantes de esta comunidad han alcanzado logros académicos relevantes.
En el plano espiritual y social, se llama a evitar la homofobia y la violencia, promoviendo el amor y la paz, aunque se mantienen reservas frente a interpretaciones bíblicas contemporáneas y a la expansión de derechos como el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Asimismo, se cuestionan decisiones institucionales recientes, como sentencias del Tribunal Constitucional dominicano relacionadas con la orientación sexual en cuerpos armados, así como actuaciones de antiguos diplomáticos extranjeros vinculadas a la comunidad LGBTQ+.
Finalmente, el artículo advierte sobre el crecimiento de la autoidentificación de orientaciones no tradicionales entre jóvenes de las generaciones Z, Millennials y Alfa, así como la adopción de nuevos lenguajes inclusivos, los cuales —según el autor— representan una amenaza a los valores tradicionales de la familia y la sociedad.


























