La resistencia a los antibióticos podría convertirse en la próxima gran pandemia que enfrente la humanidad, advirtió el virólogo Robert Paulino, director del Instituto de Medicina Tropical y Salud Global de la Universidad Iberoamericana (UNIBE), al alertar sobre el avance de bacterias cada vez más difíciles de tratar y la escasa inversión en nuevos fármacos.
Durante una entrevista en el programa D´AGENDA, Paulino afirmó que la resistencia multidroga representa una amenaza seria y creciente, especialmente en países donde no existe un control efectivo sobre la venta y el uso de antibióticos.
“La resistencia a los antibióticos es la próxima pandemia que nosotros vamos a tener. Es muy peligrosa, porque nos estamos quedando sin arsenal terapéutico y muy pocas compañías farmacéuticas están invirtiendo en nuevas moléculas para infecciones bacterianas”, alertó.
El especialista explicó que la falta de innovación en medicamentos antibacterianos agrava el panorama, al recordar que para el tratamiento de la tuberculosis fue necesario esperar más de 20 años para contar con un nuevo fármaco.
Paulino sostuvo que el desarrollo de nuevos antibióticos requiere una fuerte inversión pública, debido a los altos costos y al tiempo que conllevan los ensayos clínicos y los procesos de aprobación regulatoria.
“No se trata solo de crear el medicamento, sino de sostener ensayos clínicos que pueden durar casi diez años hasta lograr la aprobación y que el fármaco llegue a la población”, explicó.
El virólogo señaló que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto énfasis este año en el peligro de la resistencia multidroga, especialmente en países sin regulaciones estrictas para la venta de antibióticos, una situación que —admitió— afecta a la República Dominicana.
Asimismo, advirtió que las bacterias resistentes pueden transmitirse de una persona a otra, manteniendo esa misma capacidad de resistencia, lo que incrementa el riesgo de brotes difíciles de controlar.
Paulino atribuyó parte del problema al uso inadecuado de antibióticos, tanto por automedicación como por prescripciones incorrectas, y subrayó la responsabilidad del personal de salud en este proceso.
“Cada centro de salud debería contar con un comité que supervise en qué casos se utilizan determinados antibióticos y por qué no se usan otros. Eso reduce costos, pero, sobre todo, evita que agotemos las opciones terapéuticas disponibles”, recomendó.
El especialista reiteró que enfrentar la resistencia a los antibióticos requiere acciones urgentes, que incluyan regulación, educación sanitaria y políticas públicas orientadas a preservar la eficacia de estos medicamentos esenciales para la salud pública.































