Tomás Aquino Méndez
Los malos recuerdos, como los malos tiempos, se presentan solos. Para nosotros los sureños, uno de esos recuerdos está ligado a un intento que todavía genera preocupación cuando se menciona: el proyecto de depositar compost o basura contaminante en la Sabana de Sansón, en Oviedo.
Muchos quizá no lo recuerden. Ocurrió en 1983, durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco. Otros lo tienen muy presente por las protestas y el rechazo que generó aquella decisión.
La empresa que impulsaba la iniciativa se llamaba Fomento Agroindustrial Forestal. Un nombre atractivo que escondía riesgos graves para el Sur dominicano. El plan consistía en traer desechos procedentes de empresas de Estados Unidos para depositarlos en esa zona.
La pregunta fue inmediata: ¿por qué en nuestro Sur, históricamente pobre y olvidado?
Las respuestas nunca convencieron a la población. Por eso comenzó una lucha de rechazo que finalmente obligó al gobierno a dejar sin efecto el proyecto.
Cuarenta y tres años después, otra vez Oviedo aparece en el centro de una discusión que preocupa a muchos sureños. Esta vez el tema es la posible plataforma espacial en Oviedo para lanzar cohetes al espacio.
Hasta ahora se conocen pocos detalles del acuerdo. Lo que sí ha trascendido es que inicialmente esa plataforma espacial sería instalada en la base naval Roosevelt Roads, en Puerto Rico. Sin embargo, sectores ecologistas de la isla se opusieron por los riesgos de contaminación.
Entonces, la mirada se dirigió hacia el Sur dominicano.
Surge la sospecha de que se pensó en una región con altos niveles de pobreza, desempleo y escasa capacidad de presión política, donde una plataforma espacial en Oviedo podría presentarse como símbolo de progreso.
Pero el anuncio ya ha despertado cuestionamientos de ambientalistas y sectores sociales que reclaman mayor información sobre el proyecto.
Ante esas inquietudes, el funcionario Sigmund Freund respondió que se trata de una iniciativa privada.
La pregunta es inevitable: ¿por ser privado un proyecto puede instalarse sin considerar sus efectos sobre la gente y el territorio?
El Estado tiene la responsabilidad de proteger a todos los ciudadanos. Por eso se necesitan explicaciones claras sobre el impacto ambiental, económico y social que podría tener una plataforma espacial en Oviedo.
No se trata de oponerse al progreso. Se trata de saber cuáles serían los daños reales que podrían provocar los lanzamientos de cohetes en una región con ecosistemas frágiles y un enorme valor natural.
La historia ofrece una advertencia importante. Si en 1983 se hubiese aceptado el depósito de desechos contaminantes en Oviedo, hoy probablemente no existirían las condiciones para proyectos turísticos que actualmente se impulsan en la región, como los desarrollos en Pedernales promovidos durante el gobierno del presidente Luis Abinader.
El Sur dominicano no puede seguir siendo visto como territorio disponible para proyectos que otros rechazan.
La vida de los hombres y mujeres de Oviedo vale más que cualquier negocio. Mucho más que los cohetes que se pretende lanzar desde allí.
Estamos con el progreso. Pero no con un progreso que llegue al precio de destruir la flora, la fauna y el futuro de la gente del Sur.































