No es la primera vez que el presidente Abinader en medio de situaciones que «mellan la imagen de su administración» que el mandatario trae a colación otros temas muy alejado al debate nacional.
Hace poco se refirió «a la Fruta» un personaje de la «Casa de Alofoke», justo cuando el tema obligado era la extradición hacia los Estados Unidos de personajes cercanos a su administración y en momento en que se esperan enviar más compatriotas para ser juzgados por la justicia estadounidense.
También, el presidente ha tenido recientemente cuestionamiento de amplios sectores por un acuerdo militar -cuyos alcances se desconocen- con los EEUU para permitir a aviones de las Fuerzas Armadas de ese país aterrizar en al menos dos aeropuertos, entre ellos el Internacional Las Américas.
Ahora, mientras el país entero sigue removido por los más recientes escándalos de corrupción, narcopolítica y desfalcos que salpican a figuras cercanas al poder, el presidente Luis Abinader decidió levantar otra cortina: anunciar el regreso del Festival Presidente, ese coloso musical que marcó una época y que desde 2017 no encendía una sola bocina en el Estadio Olímpico ni otras locaciones del territorio nacional.
La declaración salió casi de la nada, como si el Presidente hubiera encontrado, en medio del torbellino político, el «as bajo la manga» para cambiar el humor nacional.
Basta escuchar la reacción de la gente: el anuncio no cayó como noticia cultural, sino como jugada política. “Cuando el río suena… aparece el Festival Presidente”, murmuraban muchos en las redes, entre broma y desconfianza.
Un recuerdo que huele a nostalgia… y a distracción
Porque sí: el Festival Presidente es historia viva del espectáculo dominicano. Desde que en 1997 la Cervecería Nacional Dominicana sorprendió al país con aquel line up de estrellas —Juan Gabriel, Marc Anthony, Thalía, Los Toros Band, Los Hermanos Rosario—, aquel escenario se convirtió en un templo de multitudes. Tres noches de música que llegaron a convocar 150 mil personas, un hito jamás igualado por otro evento local.
Pero también es cierto que, tras su última edición en 2017, el festival se convirtió en un recuerdo guardado en un baúl que nadie esperaba abrir… hasta que las aguas políticas comenzaron a enturbiarse.
El Presidente anuncia entre ruido, humo y sospechas
El anuncio presidencial llegó justo cuando el país todavía debate sobre el caso Senasa, compras irregulares, los tentáculos del narco en la política y el eterno reflujo de la impunidad. De repente, Abinader desliza la “buena nueva”: que vuelve el festival que movió masas, dólares y egos… y la conversación pública.
No faltaron quienes recordaron que, históricamente, los gobiernos dominicanos han intentado suavizar momentos difíciles con anuncios espectaculares, shows internacionales o “grandes eventos país”. Y que este movimiento, aunque vestido de cultura, lleva un olor fuerte a cortina de humo.
Del 97 al 2017, la epopeya del festival
Con o sin estrategia política detrás, lo cierto es que la nostalgia hace su trabajo. El Festival Presidente dejó marcas profundas:
1997: nació con la fuerza de un fenómeno social, 1998 y 1999: se consagró como tradición anual, 2001–2005: el show se volvió vitrina continental, con nombres como Arjona, Maná, Daddy Yankee y Jennifer López, 2010: el público se rindió ante Shakira, Wisin & Yandel y hasta 50 Cent, 2014: Bruno Mars y Calle 13 electrizaron el Olímpico y 2017: Justin Timberlake coronó la última entrega.
Tras eso, silencio. Ocho años sin una sola luz, sin un solo montaje, sin una sola cerveza Presidente patrocinando un escenario de ese tamaño.
Una jugada que genera más preguntas que aplausos
No es casualidad que, entre juicios y allanamientos, el Gobierno saque a relucir el espectáculo más grande de la historia dominicana. ¿Regresa para “activar la economía cultural”? ¿O para apagar, aunque sea por un fin de semana, el incendio político que no deja de crecer?
En cualquier caso, la noticia ya está ahí. Los nostálgicos celebran, los críticos sospechan, y la conversación pública… cambió. Aunque sea por un rato.
Porque si algo sabe la política dominicana es que, cuando el ambiente se caldea, nada como una buena tarima, un artista internacional y un estadio lleno para desviar el foco.
Y ahora, como en los viejos tiempos, el país está esperando la cartelera. Pero también —y quizás más— las verdaderas razones que encendieron de nuevo este festival dormido.































