Bajo un sol tibio y una brisa que hacía flamear los pañuelos morados, decenas de mujeres, jóvenes y familias completas ocuparon la explanada del Teleférico en Sabana Perdida para repetir un mismo grito: “No más violencia de género, no más odio, vivas nos queremos”.
La jornada, bautizada como “Voces por la Igualdad: Recuperemos el Amor y la Solidaridad”, fue organizada el pasado sábado por una entidad que trabaja de manera sostenida en la defensa de los derechos de las mujeres, y dejó claro que la violencia contra la mujer no es un asunto privado, ni mucho menos un simple conflicto doméstico.
“La violencia de género no es un suceso aislado ni un pleito entre marido y mujer; es un fenómeno político, social y cultural”, afirmó con fuerza Alba Reyes, directora ejecutiva de la organización, frente a un público que asentía con la certeza de quien sabe que habla desde la experiencia.
Un día para recordar por qué se lucha
Este 25 de noviembre se cumplieron 65 años del asesinato de las hermanas Mirabal, el crimen que convirtió a Patria, Minerva y María Teresa en símbolo mundial de resistencia.
La historia, repetida generación tras generación, vuelve cada año para recordarle al país que la violencia contra la mujer tiene raíces profundas y consecuencias devastadoras.
Por eso, la jornada en Sabana Perdida buscó más que hacer memoria: quiso sensibilizar sobre la violencia social, intrafamiliar y basada en género, así como sus impactos directos en la vida de mujeres, niñas y adolescentes. Y, además, proponer rutas para relaciones más sanas, más humanas, más justas.
Un país que aún duele
Mientras Reyes hablaba, algunas mujeres desde la multitud secaban lágrimas. No eran pocas las que cargaban alguna historia de violencia vivida o cercana.
Porque aunque las cifras muestran una ligera disminución, el panorama sigue siendo alarmante. Según datos del Ministerio de Interior y Policía, 49 feminicidios se han registrado en lo que va de 2025; en el mismo período del 2024 la cifra era de 71.
Pero la dirigente fue contundente: “Aquí no queremos cantar victoria por una o dos menos. No queremos seguir contando muertas. Ni una más, ni una menos”.
Las razones del fenómeno, dijo, siguen estando vivas: una sociedad patriarcal que reproduce roles de dominación; la feminización de la pobreza; la objetivación sexual de las mujeres, especialmente en los medios; y la persistente idea de que la mujer es propiedad de alguien.
Un llamado que requiere a todos
La jornada mezcló voces, colores y expresiones artísticas. Hubo teatro, bailes, testimonios, y un intercambio directo entre jóvenes, familias y especialistas. Se distribuyeron volantes, se respondieron preguntas, se abrió un espacio seguro para hablar de heridas que muchas veces se silencian.
La directora insistió en que esta lucha no puede recaer solo en las organizaciones de mujeres.
“Esto demanda a las familias, a las iglesias, a las escuelas, al maestro y a la maestra, a cada estudiante, a ti, a mí, a todos. Es una lucha por educar, por desaprender, por cambiar patrones culturales y relaciones de poder”, afirmó.
Pero, también, se necesita —subrayó— que quienes imparten justicia y quienes aplican políticas públicas estén sensibilizados, formados y comprometidos. Sin instituciones que respondan, dijo, la batalla siempre será desigual.
“Recuperemos el amor y la solidaridad”
Al final del encuentro, Reyes dejó un mensaje que arrancó aplausos y miradas firmes: “Debemos exigir mayor compromiso a los gobiernos. Deben garantizar que las mujeres vivan sin miedo. Recuperemos el amor, la solidaridad, rompamos el silencio y fortalezcamos la sororidad y la empatía entre nosotras”.
Entre las asistentes, algunas madres abrazaron a sus hijas. Varias jóvenes intercambiaron números para seguir apoyándose. El ambiente, lejos de la resignación, parecía sembrado de esperanza.
Y mientras la tarde caía sobre Sabana Perdida, quedó flotando la certeza de que la violencia de género no es un destino, sino una lucha que —si se asume colectivamente— puede empezar a cambiar la historia.
































