José Espinal Marcelo
En la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde tradicionalmente las disputas electorales giran alrededor de la administración interna, el presupuesto y las cuotas de poder, la candidatura de Bautista López García a la Vicerrectoría de Extensión introduce un enfoque menos frecuente en la política universitaria dominicana: la idea de que la academia estatal debe reconectarse con la sociedad y recuperar su papel de mediadora nacional.
Su propuesta programática para el período 2026-2030 trasciende una simple agenda administrativa. Se presenta como una reflexión doctrinal sobre el rol de la universidad pública en un país marcado por desigualdades sociales, precariedad institucional, tensiones ambientales y fragmentación cultural.
El planteamiento posee un marcado componente político-cultural, en el sentido más amplio del término, evocando aquella tradición latinoamericana de universidad pública concebida como conciencia crítica del Estado y puente entre ciudadanía y conocimiento.
La extensión como eje central de la universidad
La propuesta parte de una tesis clara: la extensión universitaria no debe continuar siendo un departamento periférico limitado a actividades protocolares o culturales, sino convertirse en la esencia de la universidad junto a la docencia y la investigación.
La formulación no parece casual. Históricamente, la extensión ha ocupado un espacio secundario dentro de la arquitectura institucional de la UASD frente al peso político de las facultades y estructuras académicas tradicionales.
Bautista López García procura revertir esa lógica al proponer una extensión universitaria capaz de reconstruir la legitimidad pública de la academia estatal y ampliar su capacidad de incidencia nacional.
La lectura implícita es evidente: aunque la UASD conserva prestigio histórico, enfrenta crecientes cuestionamientos sobre su conexión efectiva con las necesidades reales de la sociedad dominicana.
Una universidad más territorial y comunitaria
El programa apuesta por una universidad más cercana a las comunidades y menos encerrada en sí misma. A diferencia de otras propuestas de gestión redactadas bajo un lenguaje predominantemente tecnocrático, el proyecto mantiene referencias constantes a conceptos como justicia social, solidaridad, pensamiento crítico, participación social y Estado Social y Democrático de Derecho.
Ese lenguaje define el carácter ideológico de la candidatura y proyecta una visión de universidad socialmente activa, aunque articulada mediante mecanismos institucionales y alianzas con organismos públicos, sectores empresariales y entidades internacionales.
Uno de los ejes más desarrollados del plan consiste en reconstruir el vínculo entre universidad y sociedad mediante investigaciones, proyectos interdisciplinarios, programas territoriales, foros y relaciones permanentes con organizaciones comunitarias y movimientos sociales.
La propuesta interpreta como un problema estratégico la pérdida de influencia social de las universidades públicas frente al crecimiento de actores privados y nuevas formas de intermediación política y digital.
Por ello, insiste en que la UASD debe recuperar presencia pública participando activamente en debates y soluciones vinculadas a alfabetización, salud, vivienda, medio ambiente, servicios públicos y organización comunitaria.
Medio ambiente y cultura como espacios de debate
El apartado ambiental figura entre los capítulos más ambiciosos y políticamente definidos del programa. El candidato fija posiciones sobre minería, recursos hídricos, contaminación industrial, áreas protegidas y cambio climático.
Incluso, menciona conflictos contemporáneos como Loma Miranda, Punta Catalina, la protección de cuencas hidrográficas y la preservación de manglares y parques nacionales.
Desde esa perspectiva, la crisis ambiental es presentada no solo como un problema ecológico, sino también como un conflicto estructural entre desarrollo económico, soberanía territorial y bienestar colectivo.
La dimensión cultural ocupa igualmente un espacio relevante dentro de la propuesta. El proyecto contempla relanzar la Feria Universitaria del Libro, impulsar cinefórums, festivales culturales y programas de formación artística en recintos y centros regionales.
Más allá del entretenimiento, la cultura es concebida como herramienta de formación ciudadana y construcción de pensamiento crítico, recuperando una tradición universitaria donde el debate intelectual y artístico formaba parte esencial de la vida pública.
La disputa por el sentido de la UASD
En términos electorales, la candidatura parece orientada a docentes con sensibilidad social, gestores culturales, ambientalistas y sectores universitarios que consideran que la UASD ha perdido presencia nacional fuera de sus conflictos internos.
El proyecto de Bautista López García transmite la idea de una universidad que no debe limitarse únicamente a graduar profesionales, sino también convertirse en plataforma de transformación social y articulación democrática.
Sus críticos podrían considerar que la propuesta amplía excesivamente el radio de acción institucional y traslada a la universidad responsabilidades propias del Estado. Otros, en cambio, interpretan el programa como una recuperación de la tradición histórica de la Primada de América como actor intelectual y político de la nación.
Detrás de la candidatura emerge una interrogante de fondo: ¿qué tipo de universidad quiere ser la UASD en la próxima década?
La respuesta de Bautista López García parece inequívoca: una universidad pública extensionista, con vocación de intervención nacional y capacidad para producir no solo títulos profesionales, sino también debate social, ciudadanía crítica y sentido democrático.






























