El obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de Regla, monseñor Faustino Burgos Brisman, lamentó profundamente la clausura del Hospital Psiquiátrico Padre Billini (antiguo «28»), un centro que calificó como el refugio de los «olvidados» y cuya ausencia agrava la crisis de salud mental en el pueblo dominicano.
El prelado, cuya jurisdicción abarca también las provincias de San José de Ocoa y San Cristóbal, cuestionó la decisión de las autoridades sanitarias de cerrar un recinto que por más de 57 años sirvió para el internamiento de pacientes con discapacidades mentales severas.
“De buenas a primeras decidieron cerrar este hospital, como si ya no se necesitara, y se dejó a las familias solas lidiar con este problema”, expresó monseñor Burgos con evidente asombro.
Un detonante llamado Pandemia
Para el obispo de Baní, la situación de la salud mental en el pueblo dominicano ha llegado a un punto crítico tras las secuelas del Covid-19. Según su análisis, el confinamiento no solo generó desasosiego e intranquilidad, sino que dejó a la humanidad en un «limbo» emocional del cual todavía no se logra salir.
El obispo señaló que la falta de preparación espiritual e integral, sumada a factores socioculturales como el embarazo en adolescentes, está creando una generación con profundas deficiencias psicológicas. Advirtió que cuando un cuerpo no está apto para procrear, las consecuencias se reflejan directamente en el equilibrio mental futuro de esa criatura y de la madre.
Ideologías y el «Relativismo»
Con firmeza, Burgos Brisman también abordó el impacto de las agendas globales y las nuevas ideologías en la estructura familiar tradicional. Alertó que el relativismo social, donde «todo está permitido», está distorsionando la mente de las personas.
“Una persona que de pronto amanece diciendo que cree que es un perro, y se le acepta, eso va generando una mente desequilibrada”, sentenció el prelado, vinculando estas conductas con los trastornos que hoy saturan las consultas psicológicas.
Un llamado al Estado
Frente a este panorama sombrío, el obispo de la Catedral de Baní recomendó fortalecer la educación y orientación familiar. Puso como ejemplo el trabajo de la Pastoral de la Salud de la Iglesia, que ofrece desde talleres hasta diplomados para padres.
Finalmente, instó al Estado a implementar una política pública real que considere a las personas con trastornos mentales como sujetos de cuidado y desarrollo, y no como ciudadanos desechables tras el cierre de centros especializados como el Padre Billini.
































