Starling Villar
La elección de las autoridades en la Escuela de Microbiología y Parasitología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) trasciende lo meramente administrativo. Se trata de una decisión estratégica que impactará directamente el futuro académico, científico y profesional de toda una comunidad universitaria que ha venido creciendo y consolidándose en los últimos años.
En este contexto, el progreso institucional solo puede sostenerse sobre tres pilares irrenunciables: unidad, diálogo y propuestas de gestión serias. Sin estos elementos, cualquier proyecto corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de improvisación, ajeno a las reales necesidades de estudiantes, docentes y personal administrativo.
El momento exige un liderazgo con trayectoria comprobada y visión clara, capaz de conjugar solvencia científica, capacidad administrativa y, sobre todo, vocación de consenso. La Escuela necesita una dirección que escuche, articule y convoque, que entienda que la gestión académica moderna se construye desde la participación y el compromiso colectivo.
El reto principal no está en la formulación de discursos, sino en la capacidad de transformar las ideas en acciones concretas, medibles y sostenibles en el tiempo. La comunidad universitaria demanda respuestas claras y planes viables que impulsen la calidad académica y la pertinencia social de la formación en microbiología y parasitología.
Entre las prioridades que deben marcar la agenda de la próxima gestión se destacan, en primer lugar, un plan integral de modernización de los laboratorios, que permita una adecuada articulación entre la teoría y la práctica profesional, alineada con los avances científicos y tecnológicos del área.
En segundo lugar, resulta impostergable una estrategia orientada a promover tesis innovadoras, fortaleciendo su vinculación con el sector salud, el sector productivo y los espacios de innovación científica, incluyendo la investigación aplicada y el desarrollo de patentes. La producción académica debe responder a los desafíos reales del país y del sistema sanitario nacional.
Asimismo, la transparencia institucional y el diálogo permanente deben asumirse como normas de gestión, no como consignas coyunturales. La confianza se construye con información clara, rendición de cuentas y apertura a la crítica responsable.
No puede perderse de vista que, en los últimos años, la Escuela de Microbiología y Parasitología se ha consolidado como una referencia dentro de la Facultad de Ciencias de la UASD, llegando a posicionarse como la segunda escuela con mayor matrícula estudiantil. Este crecimiento representa una oportunidad, pero también una gran responsabilidad.
En ese sentido, el liderazgo que asuma la dirección de la Escuela definirá si se consolida una ruta de desarrollo profesional y científico, o si, por el contrario, se cae en un período de estancamiento que comprometa los avances alcanzados.
La comunidad universitaria necesita una Escuela de vanguardia, conectada con los desafíos del presente y las exigencias del futuro. Por ello, el llamado es claro: votar por la cohesión, votar por propuestas específicas y votar por un futuro con dirección.
Porque en este proceso, cada voto cuenta y la decisión que se tome hoy marcará el rumbo de la microbiología y la parasitología en la UASD por los próximos años.
Sobre autor, microbiólogo UASD


























