Al final de la Segunda Guerra Mundial, los países del eje vencedor encabezado por Estados Unidos y Rusia le dieron forma a lo que hoy se conoce como la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El objetivo de la ONU era evitar una Tercera Guerra Mundial y que el mundo se rigiera por reglas claras. Para ello, dentro de la Carta de las Naciones Unidas se creó un órgano denominado Consejo de Seguridad, encargado de garantizar ese orden mundial basado en normas y principios compartidos.
Hoy, el panorama internacional está cambiando aceleradamente. El control global que durante décadas mantuvo Estados Unidos se ve amenazado por el surgimiento de un mundo multipolar, donde actores como China, Rusia, India y países del sur global desafían la hegemonía que por muchos años ejerció Occidente.
Esta realidad es bien conocida por el poder político estadounidense y ha dado paso a una competencia despiadada por el control del nuevo orden mundial. El expresidente Joe Biden llegó a afirmar que los cambios en el orden mundial son irreversibles, pero que Estados Unidos debe dirigir ese proceso.
A juicio del abogado Yván Ariel Gómez Rubio, el principal problema de este nuevo escenario es que las reglas del juego internacional instauradas tras la creación de la ONU, y que sustentan el Derecho Internacional, están desapareciendo, dando paso a un mundo regido por el poder y la violencia.
Un ejemplo evidente de esta situación es la violación sistemática de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, que protegían el derecho a la autodeterminación, la soberanía de los pueblos, el libre comercio y la seguridad de las rutas marítimas, entre otros pilares fundamentales del orden internacional.
Gómez Rubio señala que los acontecimientos en Ucrania, Venezuela, Irán, Taiwán, el Canal de Panamá y Groenlandia son reflejo claro de esta nueva realidad geopolítica.
Asimismo, considera que el reciente Foro Económico Mundial celebrado en Davos asestó la estocada final a una ONU ya debilitada, con la creación por parte de Estados Unidos de la llamada Fuerza de Paz, que busca administrar Gaza y establecer allí un nuevo diseño empresarial dirigido por varios países.
Este hecho lleva a cuestionar si la destrucción de Gaza tuvo realmente como objetivo principal combatir el terrorismo o si, por el contrario, respondió a una agenda de intereses económicos de gran envergadura.
Ante este escenario surge una pregunta clave: ¿por qué crear una Fuerza de Paz y no recurrir a la ONU? La respuesta, según recuerda el autor, ya fue dada en el pasado por los actuales líderes de Estados Unidos: la ONU, para ellos, ha perdido su razón de ser.
Esta postura se refuerza con la retirada de fondos estadounidenses a diversos organismos del sistema de Naciones Unidas, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), los mecanismos de Derechos Humanos y los programas de Cambio Climático, entre otros.
































