Samuel A. Novas Del Rosario.-
La transición energética en República Dominicana ha avanzado de forma significativa en los últimos 14 años, reflejándose en una matriz eléctrica cada vez más diversificada y resiliente. Este proceso ha permitido reducir la dependencia de los combustibles fósiles, fortalecer la seguridad energética y avanzar de manera gradual hacia un sistema eléctrico más sostenible, donde las energías renovables comienzan a ocupar un rol protagónico, especialmente en la región Sur del país.
La República Dominicana cuenta hoy con una matriz energética más diversificada que la existente hace 14 años. De acuerdo con datos del Organismo Coordinador del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (OC-SENI), en el año 2011 la capacidad instalada de generación eléctrica ascendía a 3,002 MW, de los cuales 2,445.28 MW provenían de combustibles fósiles, representando el 81.45 % de la matriz. El resto estaba compuesto principalmente por energía hidroeléctrica, con 523.20 MW (17.4 %), y por energía eólica, con 33.45 MW (1.1 %).
Para el año 2025, el panorama energético del país muestra un escenario distinto. La capacidad instalada total alcanza 7,480 MW, donde las fuentes fósiles representan 63.6 % (4,457.28 MW) del total. En cambio, las fuentes renovables no convencionales han incrementado su participación, destacándose la energía solar fotovoltaica, con 1,578.28 MW (21.1 %), la eólica, con 486.2 MW (6.5 %), la biomasa, que aporta 29.9 MW (0.4 %), y la renovable convencional que evidencia un leve decrecimiento, como es el caso de la hidroeléctrica, con 620.84 MW (8.3 %).
Este cambio estructural contribuye a una mayor seguridad y resiliencia del sistema eléctrico nacional, además de aportar de manera directa a la transición energética del país. La diversificación de la matriz reduce la dependencia del suministro externo y disminuye la vulnerabilidad frente a las variaciones de los precios internacionales de los combustibles fósiles. Asimismo, en el país no solo se ha diversificado la fuente de generación, sino también la tecnología, incorporando turbinas capaces de operar con gas natural, carbón, biomasa, fuel oil y esquemas de ciclo combinado.
El desarrollo de las energías renovables no convencionales —principalmente solar, eólica y biomasa— ha sido clave en este proceso. Su integración ha permitido reducir millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente emitidas a la atmósfera, gracias al aprovechamiento de los recursos naturales disponibles en el territorio nacional, alineándose con los compromisos climáticos y ambientales asumidos por el país.
Es particularmente notable cómo la región Sur del país refleja esta realidad energética. Basta con recorrer sus carreteras para observar la diversidad de tecnologías de generación que hoy conviven en su territorio. Al salir de Santo Domingo por la RD-2 (carretera Sánchez), en el municipio de Yaguate, provincia San Cristóbal, se encuentra el parque fotovoltaico Girasol, con una capacidad instalada de 100 MW.
A pocos kilómetros de distancia, en la provincia Peravia, se localiza el parque Santanasol, provincia que además concentra la mayor capacidad instalada de generación solar en toda la región Sur. Peravia alberga aproximadamente 300.90 MW distribuidos entre los parques Peravia Solar I y II, Calabaza, Bayasol y Baní Solar, varios de los cuales son visibles desde la carretera Sánchez y la circunvalación de Baní.
En este mismo trayecto es posible apreciar algunas turbinas del parque eólico Matafongo, evidencia de la complementariedad entre distintas fuentes renovables. Baní también es sede de la central termoeléctrica Punta Catalina, cuyas dos unidades generadoras aportan en conjunto 720 MW al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado, convirtiéndola en una pieza clave para la estabilidad del servicio eléctrico. Su chimenea es visible desde la carretera que bordea el municipio, recordando el rol que aún juegan las fuentes térmicas en la firmeza del sistema.
Más hacia el oeste, la provincia de Azua cuenta con varias instalaciones fotovoltaicas de autoproductores, destacándose la planta Los Negros, con una capacidad de 17 MW, que inyecta energía directamente al SENI. Asimismo, se encuentra en construcción el parque fotovoltaico Villarpando, con una concesión de 100 MW, lo que representa un aporte significativo a la expansión de la generación renovable en el país. En la costa de Azua, cerca de Playa Los Negros, se han instalado barcazas generadoras cuya utilidad ha permitido suplir energía de forma flexible y responder a necesidades puntuales del sistema.
La firmeza del sistema también se ve reforzada por la generación hidroeléctrica. En Azua se ubican pequeñas centrales como Los Toros y Maguey, mientras que esta provincia comparte con San Juan la central hidroeléctrica de Sabana Yegua. Por su parte, la provincia de San Juan alberga la central hidroeléctrica Palomino, una de las más relevantes del sistema por su capacidad de regulación y aporte a la estabilidad operativa.
San José de Ocoa y San Cristóbal comparten la central hidroeléctrica Jigüey, y en la frontera entre San Cristóbal y Peravia se encuentra la central hidroeléctrica Aguacate, ambas instalaciones aportan potencia firme al sistema, con capacidades de 98 MW y 60 MW respectivamente.
La provincia de Barahona continúa mostrando esta diversidad con el parque Canoa Solar, de 29 MW, cuyo reflejo en horas específicas del día es visible desde la carretera RD-44, en uno de sus tramos más elevados y cercanos al distrito municipal Fondo Negro. Barahona cuenta además con una planta de generación a carbón de 51.9 MW, estratégicamente ubicada en el litoral para facilitar la logística del combustible, así como con los parques eólicos Larimar I y II, ubicados en la comunidad de Enriquillo, con capacidades de 49.5 MW y 48.3 MW, respectivamente.
En el trayecto hacia Pedernales, los parques eólicos Los Cocos y Quilvio Cabrera forman parte del paisaje energético del Sur profundo. Adicionalmente, la provincia cuenta con varias unidades de generación a fuel oil y diésel. En julio de 2025, Pedernales dio un paso trascendental en materia energética con su conexión al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado, dejando atrás décadas de aislamiento y energizando de forma inmediata su desarrollo futuro.
El Sur de la República Dominicana no solo aporta energía al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado y diversifica la matriz de generación integrando distintas tecnologías, sino que también desempeña un rol estratégico en el sostén y la estabilidad de todo el sistema eléctrico. De cara a los próximos 14 años surgen interrogantes clave: ¿qué fuente o tecnología predominará en la capacidad instalada? ¿Hasta qué punto podrán crecer las energías renovables manteniendo la confiabilidad del sistema? El reto continúa siendo aprovechar de manera integral el potencial energético de estas zonas del país y permitir que el mix de generación siga avanzando de forma ordenada hacia la transición energética.
El autor es ingeniero civil egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con estudios en Energía Renovable e Ingeniería Civil en la Universidad de Le Havre, Francia. Cuenta con formación orientada a la transición energética y gestión ambiental.
































