La alta dependencia económica y política de la República Dominicana con los Estados Unidos coloca al Gobierno dominicano en un margen de acción sumamente limitado frente a la actual crisis regional y el creciente uso del llamado poder duro en la política internacional, afirmó la politóloga dominicana Rosario Espinal.
Entrevistada en el programa televisivo El Día, conducido por las periodistas Edith Febles y Amelia Deschamps, Espinal explicó que la economía dominicana depende en gran medida del turismo procedente de Estados Unidos, de las remesas enviadas desde ese país, así como de las exportaciones de zonas francas y productos agrícolas, factores que —a su juicio— convierten cualquier confrontación con Washington en una decisión de altísimo costo económico y social.
En ese contexto, la politóloga consideró que desafiar abiertamente a Estados Unidos no es una opción realista para un país pequeño y altamente dependiente, razón por la cual el Gobierno dominicano ha optado por una postura de extrema cautela, evitando inclinarse “demasiado de un lado o demasiado del otro”.
Durante su análisis, Espinal subrayó que no se trata de un momento de poder blando ni de diplomacia tradicional, sino de una etapa marcada por la imposición del poder duro, donde las decisiones internacionales se toman desde posiciones de fuerza y presión directa.
Indicó que el Gobierno dominicano transita por un “caminito muy estrecho”, mientras enfrenta críticas tanto internas como externas por su alineamiento con la postura estadounidense, especialmente en lo relativo a Venezuela y los recientes acontecimientos en el Caribe.
La analista llamó la atención sobre un reciente comunicado oficial en el que, aunque se habló de la defensa de la democracia, no se hizo énfasis en el respeto al derecho internacional, elemento que —según planteó— debería formar parte esencial de la narrativa oficial junto a la paz internacional y la protección de los derechos humanos.
Espinal advirtió además que la situación no apunta a una solución rápida, sino a un escenario de mayor confrontación regional y mundial, comparable con las tensiones geopolíticas de hace un siglo, cuando se definía el control del orden global.
Señaló que el Caribe ha dejado de ser un espacio periférico, al confirmarse una creciente presencia de embarcaciones militares en la región, lo que evidencia que el conflicto global ya impacta de forma directa a América Latina y el Caribe.
Finalmente, alertó que el mundo se encamina hacia una disputa por el control del siglo XXI, en un contexto en el que las presiones sobre países pequeños como la República Dominicana podrían intensificarse, obligando al Gobierno a mantener una postura cuidadosamente equilibrada para evitar consecuencias económicas y políticas mayores.
































