Luego que mediante la TC/1225/25, a través de la cual el Tribunal Constitucional (TC) anula artículos 210 -Ley 285- que establece el Código de Justicia de la Policía Nacional y el 260 -de la Ley 3483- que regula el Código de Justicia de las Fuerzas Armadas, por considerarlo una violación del principio de razonabilidad y por discriminar injustificadamente a las personas homosexuales, sectores conservadores del país «enfilaron sus cañones» contra esta alta corte.
Desde actores de las iglesias evangélicas y católicas, hasta legisladores, así como actores políticos conservadores, se han pronunciado contra esta sentencia que viene a restituir un derecho a servidores públicos que sirven a la patria desde los institutos castrenses y policiales de la República Dominicana.
Un actor importante del clero, aunque no se refiere directamente sobre la sentencia es Monseñor Jesús Castro Marte, obispo de la Diócesis de Nuestra Señora la Altagracia, Higüey, quien hace llama a una serie de acciones en la sociedad dominicana.
Cuando una sociedad pierde su capacidad de asombro frente a hechos espeluznantes, cuando una acción que va en contra de la naturaleza humana se asume como normal en el diario acontecer, esas acciones nos tienen que cuestionar como sociedad. Cuando la vulgaridad y el lenguaje…
— Obispo Castro Marte (@Jesuscastro126) November 19, 2025
«Cuando una sociedad pierde su capacidad de asombro frente a hechos espeluznantes, cuando una acción que va en contra de la naturaleza humana se asume como normal en el diario acontecer, esas acciones nos tienen que cuestionar como sociedad», es el primer párrafo de su amplia reflexión colgada en la red social de X.
De igual modo, el obispo Castro Marte, considera que, «cuando la vulgaridad y el lenguaje obsceno son la regla y no la excepción, cuando los antivalores del pasado se constituyen en valores del presente, cuando el personaje se impone ante la persona misma, cuando ser honesto es llamarse tonto cuando la verdad cede ante la postverdad, cuando se aceptan patrones y comportamientos que antes resultaban inadmisibles, cuando el mundo parece girar al revés, cuando la apariencia vale más que la esencia, cuando lo material se impone a lo espiritual», considera que es tiempo de «hacer un alto en el camino y revisarnos todos como sociedad para mejorar y cambiar».
En ese sentido, dice: «¡Giremos una mirada y volvamos a analizar cómo era el comportamiento dentro del marco de la moralidad y la transparencia!»































