La narcocultura llega a la República Dominicana, una forma de rendirle cultos a figuras funestas del narcotráfico y esta forma cuestionable, que lleva un mensaje semiótico, muy oculto, tendrá su nacimiento en un barrio pobre, de los más vulnerables de Baní, provincia Peravia, ubicada al Sur del país
Su nacimiento es el sector Santa Rosa, el cual es uno de los barrios más vulnerables, ubicados al sureste de Baní, provincia Peravia, hay un nuevo y ominoso negocio destinado a la diversión: «Drink Sinaloa», el cual se prepara para abrir sus puertas este sábado 6 se septiembre, con planes de extender sus actividades hasta el amanecer del domingo, lo cual ya intranquiliza a comunitarios.
Su apertura -del centro de expendio de bebidas alcohólicas- ubicado en la calle Jenobeba, 72, encendió las alarmas en la comunidad, no solo porque su nombre evoca a una de las organizaciones criminales más sanguinarias del mundo, sino por exhibir sin pudor en sus paredes las figuras de peligrosos capos del narcotráfico transnacional.
Esta audaz apología del delito no es un simple capricho de decoración, ya que presentar a los capos como ídolos o modelos a seguir, se envía un mensaje perverso a los jóvenes, sobre todo, de barrios con escasas oportunidades: el camino del crimen es una vía legítima hacia el poder, el dinero y el respeto.
Esta peligrosa normalización de la violencia puede tener consecuencias devastadoras, convirtiendo el lugar en un caldo de cultivo para el microtráfico e inseguridad.
La narcocultura glorifica la violencia como método para resolver disputas y el soborno como herramienta para operar con impunidad. Permitir que un establecimiento de este tipo opere en Baní, una ciudad ligada a la cultura y al trabajo, proyecta una imagen de indiferencia y permisividad ante el crimen organizado, lo que podría ahuyentar la inversión sana y estropear los planes de desarrollo que se ha trazado la ciudad.
Desafío a la autoridad y la sociedad
Ante esta grave afrenta, la inacción no es una opción. Las autoridades y la ciudadanía tienen un rol crucial que desempeñar.
El Ministerio Público debe actuar de oficio e investigar a los propietarios del negocio por apología del delito, una figura legal que sanciona la exaltación de actos criminales.
La Alcaldía de Baní debe revisar los permisos de operación del establecimiento. La temática del negocio atenta contra la moral y la seguridad ciudadana, lo cual podría ser causal suficiente para revocar cualquier licencia.
La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) y la Policía deben establecer una vigilancia permanente sobre el local para prevenir que se convierta en un centro de operaciones para la venta de sustancias ilícitas.
La denuncia pública, la organización comunitaria y la presión social son herramientas poderosas para exigir una respuesta firme de las autoridades oara dejar claro que el veneno de la narcocultura no será tolerado en la ciudad.
Un patrón peligroso con antecedentes
Este fenómeno de la glorificación del narco no es nuevo y ya ha mostrado sus peligros en otras naciones. En México, la «narcocultura» está profundamente arraigada, con bares y capillas que rinden culto a figuras como Joaquín «El Chapo» Guzmán.
Esta glorificación ha demostrado ser un eficaz mecanismo de reclutamiento para los cárteles.
En Colombia, la figura de Pablo Escobar fue exaltada por años en barrios de Medellín. Aún hoy, los «narco-tours» que visitan sus propiedades son un fenómeno que las autoridades y la sociedad combaten por el daño que hace a la memoria de las víctimas.
En República Dominicana, si bien la exaltación no había llegado al nivel de un establecimiento comercial de esta magnitud, la influencia se ha sentido en la música urbana y en la aspiración de algunos jóvenes a una vida de opulencia rápida y violenta.
El caso de «Drink Sinaloa» en Baní marca una escalada preocupante y un nuevo nivel de descaro que debe ser frenado de raíz.
Más allá de la decoración
Esta situación ha pasado de ser una bandera roja a una alarma que ya está sonando con mucha fuerza. El afiche publicitario para la inauguración del «Drink Sinaloa» añade otra capa al problema, transformando una decoración cuestionable en un evento inminente y organizado.
La inauguración está programada para este sábado 6 de septiembre, con un costo de entrada bajo (300 pesos) y la presentación de Químico Ultramega, un exponente del género urbano (trap y dembow) conocido por sus letras crudas y su asociación con la vida callejera.
Esta elección no es casual. La presencia de un artista de su talla legitima la marca del negocio y la hace «fresca» para un público joven y masivo.
La inversión económica significativa y la planificación detrás del proyecto demuestran que los propietarios tienen la intención de establecer el lugar como un punto de referencia en el entretenimiento de Baní, consolidando así su peligrosa temática.
Este negocio es un acto de desafío directo a las autoridades, un intento de hacer aceptable lo inaceptable y de normalizar el problema ante la juventud. La indiferencia frente a este caso sentaría un precedente muy peligroso para todo el país.































