Casimiro Medina
Ideas de transformación en los discursos del PRD y PRM (1974–2024)
Desde 1974 hasta la actualidad, las propuestas de cambio han sido la principal mercancía política del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y, más recientemente, del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Ambas organizaciones han capitalizado la idea de transformación para atraer el apoyo ciudadano, adaptando sus mensajes a los contextos históricos, pero manteniendo un hilo común: el cambio como promesa de redención nacional.
En la década de 1970, el PRD encarnó la esperanza democrática frente al autoritarismo. En 1974, aunque se retiró de las elecciones por falta de garantías, su mensaje apuntaba al restablecimiento de las libertades públicas.
Cuatro años después, con Antonio Guzmán como candidato y bajo el lema “El cambio va”, logró conectar con el clamor popular por democracia, justicia social y libertad. El triunfo del PRD en 1978 marcó una ruptura histórica con el continuismo de Joaquín Balaguer.
Ya en 1982, Salvador Jorge Blanco intentó profundizar ese cambio con promesas de modernización y ética pública. Sin embargo, la crisis económica de su gestión terminó por erosionar la confianza en esa narrativa transformadora.
A partir de entonces, el PRD se mantuvo en el discurso de retorno al poder con campañas que exaltaban su cercanía al pueblo y su compromiso social.
Bajo el liderazgo de Peña Gómez en los años 90, se retomaron las consignas de justicia, descentralización y honestidad, pero sin éxito electoral, aunque con gran influencia simbólica.
En el año 2000, Hipólito Mejía llevó al PRD de vuelta al poder con un lenguaje popular y promesas de apoyo al campo, desarrollo rural y transparencia.
Sin embargo, la crisis financiera y el endeudamiento de su gestión afectaron seriamente la credibilidad del partido, que entró en un ciclo de fragmentación interna y pérdida de confianza.
De esa crisis surgió el PRM en 2014, vendiendo un “nuevo” cambio. Su propuesta se centró en romper con la vieja política, combatir la corrupción y garantizar una justicia independiente. En 2016, aunque no alcanzó la victoria, el PRM se consolidó como principal fuerza opositora.
Fue en 2020, bajo la consigna “El cambio va”, cuando logró materializar su promesa, ganando la presidencia en un contexto de desgaste del PLD y demandas de transparencia.
En 2024, el PRM se presentó a la reelección con el lema “Estamos cambiando”, enfatizando la continuidad de sus reformas y apelando a una ciudadanía harta del pasado clientelista. Luis Abinader fue reelecto bajo la bandera del cambio, aunque ahora ya como fuerza oficialista.
Este recorrido evidencia que tanto el PRD como el PRM han convertido el concepto de cambio en una moneda política de alto valor, cuya circulación ha estado sujeta a las dinámicas del desencanto ciudadano.
Lo que comenzó como una promesa de transformación democrática en los años 70, evolucionó hacia un instrumento de legitimación y movilización constante, muchas veces sin la profundidad estructural que se esperaba. Así, el cambio ha sido negociado, postergado y hasta vaciado de contenido, en un juego donde lo simbólico vale tanto como lo real.
Por eso, hablar del “Agio del Cambio” es reconocer que esta idea ha sido objeto de especulación política. Se ha cotizado como esperanza en tiempos de crisis y se ha devaluado en momentos de desilusión. Más que una transformación tangible, el cambio ha operado como una estrategia discursiva, útil para conquistar el poder, pero difícil de sostener desde el gobierno.
Autor Lic, en Ciencias Sociales
































