Unas notas a Barahona

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Dr. Carlos Julio Féliz Vidal
 
Hoy quiero compartir algunas ideas acerca de Barahona como pueblo, sin mayores pretensiones que las que se derivan de mi interés como ciudadano.
 
Este pueblo enclavado entre montañas y mares, ha tenido el merito de dar al país muchos hombres y mujeres dotados de meritos suficientes para ocupar lugares importantes en la historia del país.
 
En el mundo del arte hemos tenido figuras tan destacadas como María Montez y Casandra Damirón, a quienes le ha seguido un ejército de talentosos artistas que con sus quehaceres profesionales han descollado en el mundo de la plástica, de la música, de la literatura, colocándose entre los mejores en sus diversos campos.
 
Lo mismo podría decirse de los profesionales, de los deportistas, de los políticos, de los comerciantes, empresarios, agricultores, que sus talentos le han hecho merecedores de reconocimientos nacionales.
 
Si hacemos referencia a la parte física de nuestro pueblo, encontramos que tenemos un enjambre climatológico, un micro cosmos lleno de inmensos atractivos, zonas en las que niebla, lugares donde la luna llena parece besar el mar, minas, incluida la de Larimar, hasta donde se sabe la única en el mundo. 
 
En lo industrial, empresarial, comercial,  contamos con un Ingenio memorable, un puerto, un aeropuerto, plantas de generación, zonas francas, parques de pescas,  y decenas de negocios ubicados en el casco urbano y los municipios. 
 
En lo académico tenemos  dos universidades, la UASB Barahona y la UCATEBA, un privilegio  del que no gozan muchas ciudades importantes de países más desarrollado que el nuestro.
 
Las tierras agrícolas permiten la producción de una notoria variedad de rublos, como los plátanos, café, caña, legumbres, cacao, ñame, cítricos,  etc., que han permitido en determinadas épocas hacer aportes significativos a la economía nacional.
 
Barahona es un pueblo que avanza y retrocede, ocupa sitiales protagónicos como el Sol en su cenit y declina en busca del ocaso.
 
Como ciudadano no deja de preocuparme, que diversas estructuras  como el bulevar del malecón, la nueva avenida, la villa olímpica y el Aeropuerto Internacional María Montez, revelen un alto grado de descuido. El Bulevar ha sido prácticamente abandonado, la nueva avenida ya no tiene luces, la villa olímpica se utiliza a medias y el Aeropuerto parece que no existiera por falta de una política adecuada que le integre a la circulación de pasajeros y cargas. 
 
Hace decenas de años que mantenemos un mercado público haciendo fronteras con un cementerio, en una continua contaminación de los alimentos. El sistema de alcantarillado y la planta de tratamiento de aguas residuales han devenido en quimera,  al tiempo que su ausencia, conjuntamente con la de un mercado público bien ubicado, constituyen un serio peligro a la salud ciudadana.
 
Creo, que las potencialidades, la dejadez y las carencias de Barahona, deben movernos a una reflexión profunda como pueblo. Tenemos recursos suficientes para el desarrollo y tenemos hábitos que castran nuestro propio potencial. El desarrollo no será posible con una mentalidad de gabinete, que engavete propuestas y solo busque votos haciendo promesas que se incumplen. 
 
El desarrollo requiere de integración, de pasos firmes, de un pueblo que sepa reclamar sus derechos y de un gobierno (nacional y local) que presupueste las partidas necesarias para la ejecución de las obras prioritarias, y de una población que asuma cada estructura como cosa suya, que no las pierda de vista y que sepa darle el debido seguimiento, para que los depredadores no las saqueen, para que la desidia no las deje a la suerte del tiempo.
 
Los barahoneros conscientes, poco importa donde vivamos, estamos llamados a preservar esta patria chica como un gran espacio para las generaciones que vienen, al margen de los partidos políticos, de las corrientes ideológicas y religiosas en las que podamos o no ubicarnos. Dado que estamos hermanados por las aguas del Birán; la sierra del Bahoruco; las montañas de Polo, Enriquillo y Paraíso; las corrientes de San Rafael y los Patos;  los plátanos de Vicente Noble, Canoa, Palo Alto y Jaquimeyes;  las tilapias de Cabral; la sal de Las Salinas;  los dulces de El Cachón; la leche de Fundación  y El Peñón; los Camarones de Pescadería, Hato Viejo y Habanero; el Larimar de Bahoruco y el Arroyo; la Playa El Quemaito de Juan Esteban; las sillas de La Lista; los pescados de La Ciénaga;  los aguacates, ñames y yautías de Ojeda y los Blancos; las chinas y toronjas de Las Auyamas; y el azúcar del ingenio con la que endulzamos la tacita de café del Guayuyal  y el Magualito.
 
De todo corazón, un próspero año 2018, a todos los barahoneros, poco importa el lugar donde se encuentren y a los que sin serlo, aman como yo a esta tierra que Dios nos ha concedido disfrutar.  
 
El autor es abogado experto constitucionalista, profesor UASD y Director de INNIAJ

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