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Juan Tomás Olivero
 
“Por la soberbia y vanidad se han extraviado muchos, llegando a veces a padecer ceguera casi incurable” (Tomás de Kempis)
 
Para el primer gobierno del Partido de la Liberación Dominicana 1996, y a propósito de su ceremonia protocolar, se eligió a Felucho Jiménez, como  encargado de protocolo, quien fungiendo como director del ceremonial  de Estado, quiso ser más creativo que la imaginación; generando, por supuesto, algunas fricciones  con el equipo del gobierno anterior. El presidente investido para la ocasión, Dr. Leonel Fernández Reyna, le recordó con su clásica parsimonia a Felucho: “Hay que respetar los ritos del poder”.
 
La soberbia de la visión hitleriana de “hacer de la humanidad lo que nunca se había hecho”, al pretender construir la raza perfecta,  aria,  y, un  imperio fascista alemán, apoyado en la expansión de su economía imperial, le llevó a cometer las peores atrocidades  contra la humanidad y con más de una nación. Barbaridad esta expresada en el mayor genocidio, cuyos gemidos retumba en la conciencia de la humanidad después de casi un siglo de monstruosidad,  y  llegan a nuestros oídos como si estuviera aconteciendo hoy: experimentos humanos y salvajismos de las peor calañas, que incluyó la célebre Noche de los Cuchillos Largos, contra sus compañeros del partido (nazi) nacionalsocialista obrero alemán el 30 de junio de 1934.  
 
La anarquía de Mijaíl Bakunin, integrada al fascismo hitleriano produjo un relativismo ético espantoso y moralmente tenebroso en toda Europa: caos, en donde cualquier cosa era posible al margen de los topes morales y el escrúpulo humano.  
 
El sistema de partidos de República Dominicana, envuelto hoy en un caos al estilo de lo ya citado, amén de arrastrar la mácula  de no estar respondiendo a los fines de su razón de ser y naturaleza, entidades que  fueron concebidas para  ser imperativamente  comunidades de ideas, de doctrinas, pensamientos y proyectos de compromisos para el desarrollo social, económico y político; están asfixiados y atrapados por la corrupción  sistémica de Odebrecht y sus  aliados en el país.
 
Toca el turno ahora a la Justicia y su sistema de organización y elección. El populismo judicial anarquista, dio el primer golpe al formular expedientes con errores e imprecisiones inconcebibles, además   poner en situación de conflicto de interés y  obligar a la presidenta de la Cámara Penal de la Suprema a una extraña  inhibición  de forma anticipada al   inobservar  con ello los  arts. 58 y 59 del Código Procesal Penal Dominicano, que de forma taxativa expresan sobre la competencia: “…la jurisdicción penal es irrenunciable e indelegable” y, menos,  suponiendo dudas que serían vertidas sobre su imparcialidad, renunciando así  a la competencia en razón de la materia. Pero, la jugada  maestra del danilismo, se llevó otro juez para el futuro del proceso, en razón del art. 379 del mismo Código  que dice en Jurisdicción Privilegiada: “Juez de la instrucción.
 
Las funciones de juez de la instrucción son cumplidas por un juez de Corte de Apelación o de la Suprema Corte de Justicia, según competa, designado especialmente por el presidente de la Corte correspondiente.
 
En caso de apertura a juicio, el juez designado no puede integrar el tribunal”. Quedarían  tres  de los cinco que componen la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia, para quienes ya se inició el linchamiento moral, descalificándolos  con la imputación de no gozar de la suficiente independencia para juzgar los corruptos de Odebrech, dejando así, y de esta manera, probablemente, la Cámara sin un  sólo  miembro; a la espera  de ser designados los nuevos jueces por el Consejo Nacional de la Magistratura, que es hacia donde apunta el caos de la  lógica del danilismo. Mientras tanto, lo que se pretende es, pisotear el debido proceso para los imputados e imponer un caos en el sistema de justicia. 
 
Todo ello para armar el plan del 2020: diezmar y destruir el PLD, desarticular el PRM provocando el éxodo y retorno de un sector y su líder  de nuevo al PRD, para gestar  de esta manera  la reconciliación del siglo,   asegurando poder e impunidad en el próximo mandato presidencial del 2020. Joseph Fouché y los otros fascistas le quedan chiquito al danilismo.  
 
El autor es Filósofo y profesor UASD

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